domingo, 2 de octubre de 2011

Matamos a la Bestia.

Refirió Mercedes que una noche ocurrió lo siguiente:
-          Recibí como siempre atendía a los demás, a un hombre de aspecto poco amigable, al que no impresione en nada, no me tomó en cuenta ni le causo extrañeza mi aspecto y manera de conducirme. Pregunto si había llegado una persona cuyo nombre no recuerdo, no sonreía y lo notaba muy nervioso. Tendría unos treinta y cinco años de edad, su fisonomía no se parecía a ninguna de los que había visto por aquí, hablaba un poco duro, un poco cantando.
Al llegar a la recepción quiso saber si lo iba a registrar, le respondí que únicamente dejara el importe de una noche y le pedí que me siguiera; le asigné una de las habitaciones de la esquina norte, lo dejé y me fui donde estaba Hugh, quien ansioso me esperaba; para entonces ya era parte de su vida. Muy lejos había quedado el recuerdo de su amiga Mónica quien con su partida le había dejado una triste decepción.
Esa noche en especial Hugh estaba cansado de tanto surfear, el sol y el mar lo agotaron.  Lo encontré dormido, lo vi tan relajado, tan hermoso, dorado por el sol, que no quise despertarlo, le di un beso y salí un momento a ver si todo estaba bien dentro del Hotel.  Le di una vuelta a las habitaciones ocupadas y noté algo raro en la habitación del recién instalado inquilino misterioso que estaba en el ala norte; no quise entrar como siempre, atravesando las paredes y escuché tras  la puerta; cuál sería mi sorpresa que oí un llanto, era un lamento contenido, sin soltarlo. Respeté ese momento y me alejé, imaginando que algo malo le había pasado y su dolor era muy grande. Lo más raro es que toda esa noche no durmió, lo sentí darse vueltas y vueltas en la cama, como si algo grave no le permitía conciliar su sueño.
La misma situación se repitió noche tras noche, no comía y bebía hasta quedar completamente ebrio, sólo así podía dormir.
Le puse más atención y lo escuché gritar entre sueños…
-          ¡La contraseña es un guante blanco! ¡Nos disparan! ¡Nooo! Somos del batallón Olimpia… no disparen…
Despertaba sollozando y bañado en sudor. Una noche penetré en las brumas de sus pesadillas y le dije:
-          No temas aquí estoy para ayudarte, no sufras, dime qué te pasa. ¡Te ayudaré!
-          ¡No! ¡No! Nadie saberlo, el Dos de Octubre tengo que olvidarlo, ese día no existió fue un error del tiempo.
Se cerraba completamente y no me permitía ir más allá en su memoria, pero unas horas antes del amanecer de nuevo las pesadillas lo atormentaban.
-          ¡Mi comandante! Espero instrucciones… ¿Qué hacemos? Los oradores ya comenzaron, creo que es el momento de actuar. Preparen sus armas ¡En posición que vamos a entrar!…
Esas palabras la ubicaron, y terminó por comprender que era un militar, una pistola bajo su almohada lo confirmó, además su corte de cabello era el de un soldado.
-          ¡Soy el capitán Gutiérrez, no disparen! ¡Soy el responsable de este operativo dentro del edificio Chihuahua! ¡Qué no escapen estos estudiantes… guerrilleros de mierda! ¡Encuérenlos a todos y póngamelos contra la pared!
Los gritos de este hombre, eran del tamaño de su tormento; algo muy malo había hecho y seguramente se andaba escondiendo por estos lugares.
Al escribir lo que me contaba Mercedes, claramente identifiqué una de las etapas del    movimiento estudiantil del ‘68 en México; un episodio que da vergüenza y rabia por la manera tan sangrienta como el ejército mexicano, acatando órdenes de sus superiores reprimió sin misericordia a la juventud, en una acción que dejaría centenares de desaparecidos. (1)
En otras palabras, a este hombre que estaba hospedado en el Hotel, su conciencia lo atormentaba y fue un represor ese fatídico día Dos de Octubre de 1968; era parte del negado batallón Olimpia, “que era una de las unidades de combate enviadas por la Defensa Nacional y el Estado Mayor Presidencial (EMP) para contener y reprimir a los estudiantes manifestantes en la Plaza de las Tres Culturas”
Durante mis años de estudiante preparatoriano me tocó leer un poco sobre este episodio sangriento y recuerdo cómo me enfurecía ante lo que leía en un libro “La Noche De Tlatelolco” de una prestigiada escritora de nombre Elena Poniatowska. En esos años del movimiento estudiantil, sólo era un adolescente secundariano y allí en nuestro pequeño pueblo de provincia, las noticias llegaban muy tarde o mejor dicho fueron ocultadas por las olimpiadas que se desarrollaron en esos mismos días en la capital del país.
Poniatowska describe con maestría los hechos que marcaron a México con sangre y fuego. (2) La tragedia escindió la vida de muchos mexicanos, antes y después. 1968 es el año del reclamo de los jóvenes en el mundo entero. Hubo otros movimientos en Francia, Checoslovaquia y Japón, pero ninguno tan violento como el nuestro".
Qué sorpresa saber que un tipo represor de esos años fuera huésped del Hotel California por unos días y más aún, saber a través de Mercedes de algunos hechos que se dieron dentro de sus habitaciones.
Prosiguiendo con su relato Mercedes, narró que el capitán Gutiérrez poco salía de su habitación, pedía que le subieran de comer y siempre mantenía una botella de aguardiente junto a él; se tomaba una a diario. Su rostro abotagado reflejaba un sufrimiento que lo corroía por dentro. Su piel morena brillaba por los efectos del alcohol y a pesar de estar tan frescos los días, siempre andaba sudando, su camisa estaba empapada como si alguien le hubiera echado un balde de agua y para remediar un poco su calor interno traía abierta la camisa, enseñando un musculoso cuerpo formado por los intensos entrenamientos a los que lo obligaba diariamente el estado mayor presidencial.
Sólo de vez en cuando bajaba Recepción para hablar por teléfono y estaba más de una hora, llamando a diversas partes; acaso salió a la calle una sola vez para cobrar un giro que le enviaron por Telégrafos de la Ciudad de México. Se regresó y se encerró  en su habitación y no salió en más de una semana, repitiendo una y otra vez la misma obra y con los mismos resultados.
Las noches que podía dormir eran para gritar pidiendo perdón a alguien de nombre Raúl:
-          Perdóname Raúl, no sabía que tú eras parte de esos jóvenes, tan formal que eras y nunca nos diste motivos para imaginar que tú también eras un estudiante inconforme. Cómo fuiste a meterte a la cueva del  lobo donde nosotros teníamos instrucciones de acabarlos y detener a algunos. ¡Hijo! Eras mi orgullo... ¡Un hijo modelo!
Cuando Mercedes le puso más atención, se percató que esa persona a la cual mencionaba era alguien muy querido para él. Raúl era su hijo y algo malo le había pasado, y de seguro algo tenía qué ver el capitán porque sufría mucho. Despertaba bañado en sudor, abría los ojos de manera desorbitada y enseguida extendía su brazo hacia donde estaba la botella de tequila y directa de ella tomaba un largo trago. Mercedes le platicó esos detalles a Hugh y decidieron ayudarlo, o cuando menos –pensaron- si platicaba con alguien estaría un poco mejor.
-          ¡Nosotros mismos te matamos hijo! ¿Quién podrá darme la paz que perdí? ¡De nada me han servido las vacaciones que me dieron! Sólo para recordar más esos momentos.
Lloraba conscientemente en un llanto lento, el gemino contenido de un hombre derrotado por el sufrimiento y la desdicha. Un ser humano atrapado en su misma red de dolor.
-          ¡Sólo acataba instrucciones de mis mandos superiores! ¡Cómo pude decir que la patria estaba en peligro si tú, hijo, tan noble, tan puro, eras parte de ese movimiento de jóvenes! ¡Perdóname, hijo! Donde estés, sé que verás que mi arrepentimiento es real y sincero... ¡Mira al hombre duro! El que te decía que los hombres no lloran, está hecho un ovillo de nervios. ¿Dónde quedó el control de tu padre? Ni en este hermoso pueblo y en ningún otro puedo descansar. Tu madre y hermanos no quieren saber nada de mí, me odian al enterarse de cuál fue mi trabajo esa noche fatal donde fuiste alcanzado por las balas de los francotiradores que teníamos arriba del  edificio en Tlatelolco.  ¡No, noooo!
Llorando más quedito decía como punto final:
-          Hijo, por qué estuviste en ese lugar; de todos lo imaginé menos de ti.
Se entendió cual era el motivo de su sufrimiento, cargaba con el peso de su culpa y poco le faltaba para perder la cordura. Hugh y Mercedes idearon un  plan para auxiliar al capitán, montarían un teatro aprovechando los poderes sobrenaturales de ella. Investigó en su cartera para ver si traía alguna foto de su hijo Raúl. Descubrió una foto donde estaba toda la familia, la pareja con tres hijos; dos mujeres y un varón. Por la descripción, el último debería ser su hijo al que el hombre besaba y pedía perdón. Acordaron  aprovechar la oscuridad de la habitación y el momento en que estuviera más tomado para producirle el efecto deseado.
Recogió el pelo de Hugh, lo más que pudo y lo vistió de negro para que no se distinguiera bien su cara ni su figura, con su energía crearía un ambiente surrealista para que  creyera que era parte de su sueño y parte de su realidad. Le pidió el auxilio de sus hermanos menores.
Así fue que una noche actuaron aprovechando que el capitán despertaba de su pesadilla y estaba sentado en la orilla de la cama con las manos sobre la cabeza viendo el suelo.
-          ¡Papá!… ¡Papá! ¿Me escuchas? ¡Soy tu hijo Raúl.
El capitán dio un salto y se talló los ojos impactado ante lo que se imaginaba que estaba frente a él.
-          ¿Quién diablos eres? ¿Cómo entraste aquí? ¡Hijo!… Raúl… ¿Eres tú?
-          ¡Sí, padre, soy tu hijo! No me he ido, estoy cerca de ti y no me gusta que estés sufriendo por mi culpa. Mientras estés así mi alma vagará por este mundo sin dirección y sé que este ya no es mi lugar.
El hombre por poco se va de bruces y se deja caer pesadamente en la cama, se sacude la cabeza y de nuevo enfoca su vista a donde está la aparición que brilla. La voz distorsionada lo desconcierta por el eco que se produce en  el cuarto. Trata de ir hacia él pero algo se lo impide y lo intenta varias veces hasta darse por vencido, estaba visiblemente emocionado, su respiración se aceleró y su voz se negaba a salir normalmente.
-          ¿Por qué no vienes hacia mí? Quiero abrazarte y darte un beso, hijo...
-          No padre no puedo, no soy materia, por eso no puedes acercarte a mí o verme bien. Estoy aquí porque ya es hora de que vuelvas a ser el hombre fuerte y seguro de antes. Ya han pasado cerca de dos años y la familia está desintegrada por la falta de control tuyo. Deja de culparte, tú sólo cumplías órdenes militares. Lo malo no radica en lo que hiciste, sino en que creías que era por el bien de la patria y allí está tu equivocación; los estudiantes que estábamos allí no éramos delincuentes, éramos jóvenes con ideales y sueños de cambio en un mundo que no funcionaba para nosotros.
Las palabras de Hugh eran sinceras, las sentía, era parte de esa generación donde la juventud rechazaba los esquemas culturales y económicos vigentes. La diferencia era que ellos lo hacían de manera diferente a los estudiantes mexicanos, su rebeldía la enfocaban a su manera de vestir, vivir y por medio de la música daban rienda suelta a sus ideales; de allí surgió la corriente hippie que cimbró a Estados Unidos. Por lo que entendió de Raúl, él fue más allá y se manifestó retando a un gobierno impositivo y sufrió las consecuencias con su muerte en manos de militares  a las órdenes de su padre.
-          ¿Por qué no me lo dijiste?  Hijo, por qué…
De nuevo se derrumbó y el llanto desesperado del capitán hizo que la voz de Hugh se quebrara; sintió muy de cerca su dolor, se imaginó a su padre en esas condiciones y una lágrima resbaló por su cara. Afinó la garganta y le habló con la voz quebrada:
-          Padre, levántese y siéntame…
A esas alturas del terrible diálogo, Mercedes levantó y acercó rápidamente a Hugh hacia el capitán y antes de que le regresara el abrazo, lo retiró rápidamente para que  no notara la diferencia del cuerpo.
-          Espera, hijo, déjame abrazarte… Ven de nuevo.
-          Lo siento padre no es posible… Sólo yo pude por un instante… Quiero que mañana se levante y salga con la frente en alto, regrese a casa donde mi madre y hermanas lo esperan. Dígales que estoy bien que recen por mí, que mi alma necesita descansar, que requiero para irme en paz que todo regrese a la normalidad. ¿Comprendió?
-          ¡Si hijo!... Si lo comprendo.
-          Deje esa botella, en nada le ayuda beber, sólo aumenta su pena y la mía. Me tengo que ir…, espero no siga sufriendo y vuelva a ser el mismo. Adiós, papá… Está perdonado.
Con rapidez Mercedes puso un velo negro sobre la cara del capitán y Hugh salió apresuradamente; para cuando el militar encendió la luz, ninguna señal había dentro, sólo el silencio de la noche que dio fe de cómo un hombre había salido al pasillo del Hotel y volteaba para todos lados como queriendo encontrar a alguien. Regresó tras sus pasos y al entrar a la habitación una sombra horrorosa lo esperaba y claramente la escuchó decir:
-          ¡Creías que te ibas a librar tan fácil de mí…! ¡No lo harás! Soy tu conciencia aterradora, la que nunca te dejará descansar… ¡Nunca! Pagarás lo que hiciste con el tormento que seguiré creando dentro de ti. Serás mi prisionero… Brindemos con champagne por este encuentro.
-          Qué dices, no dejaré que de adueñes de nuevo de mi mente… ¡Aléjate, engendro del demonio! Mi hijo ya me perdonó y no me harás daño de nuevo.
-          ¡Bravo! No te dejes intimidar -exclamó una figurada alada que brillaba por abajo del techo; estoy para ayudarte, vamos a acabar con este abismo de locura, soy el Ángel de la Reconciliación y la Paz. Con mi espada acabaremos con él.
Los cuchillos acerados brillaban en busca de la bestia, pero no la podían matar, se desvanecía y aparecía una y otra vez, gruñendo horriblemente, hasta que aprovechando el reflejo de un espejo se metió dentro de él para huir del ataque angelical, y al ver que se escaba, el ángel lo quebró; rayos y centellas salieron de su superficie plana y unos instantes después se acabaron los gruñidos.
-          ¡Listo capitán! Eres un hombre libre, la Conciencia del Horror ya no te molestará; tu hijo ya te perdonó y serás el duro hombre de siempre, el enérgico, el impositivo -le dijo Mercedes convertida en ángel.
-          ¡No, ya no lo seré más! Otro hombre acaba de nacer en esta habitación… Un nuevo padre saldrá de aquí a recuperar a su familia. Ya verán como todo cambiará, mi hijo donde esté se sentirá de nuevo orgulloso de su padre.
El capitán no terminaba de asimilar y decir la última palabra, cuando otra vez se quedó solo. Escuchó una voz que de lejos le gritaba:
-          ¡Capitán, te podrás ir cuando quieras! Pero nunca encontrarás la salida porque eres prisionero de tu propia invención… ¿Me entiendes?
Buscó de dónde salía la voz y descubrió en un pedazo de espejo la oscura sombra de la conciencia, que aprisionada lo retaba para que cayera en la trampa y atraparlo de nuevo. Pisó con coraje el vidrio y la voz se fue definitivamente. Se sintió relajado y sereno, una paz mental iluminó su rostro, percibió por primera vez los ruidos del amanecer: escuchó la luz del día que venía velozmente empujando a la oscuridad y se imaginó que dentro de él, lo mismo sucedía, se alejaban las tinieblas y le brotaba en su interior un nuevo interés por vivir.
Al lado de su habitación los actores de la obra La resurrección de un hombre, aplaudían lo bien que habían actuado y se felicitaron cuando vieron pasar al militar con la frente en alto, sin el ceño arrugado y las mandíbulas crispadas; un toque de dulzura iluminaba su rostro, derramando ¡buenos días! por todos lados, llenando de sonrisas la cara de quien se topaba con él, al pasar o despedirse les decía: que Dios te acompañe y te llene de bendiciones en este día.
Un hombre renovado salió del allí, atrás quedaron los remordimientos, la magia del Hotel California hacía milagros en una atormentada mente, haciendo resurgir un corazón esperanzado en la vida que le había perdonado sus errores.

Tomado el libro del escritor Rene Holmos; "Legendario Hotel California", pag. 138 a 146 

Citas de Internet
1.- http://es.wikipedia.org/wiki/Movimiento_estudiantil_de_1968_en_Mexico
El movimiento estudiantil de 1968 fue un movimiento social en el que además de estudiantes de la UNAM y del IPN, participaron profesores, intelectuales, amas de casa, obreros y profesionistas en la Ciudad de México y que fue reprimido el 2 de octubre de 1968 por el gobierno mexicano en la matanza en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. El crimen fue cometido por el grupo paramilitar denominado Batallón Olimpia y el Ejército Mexicano, en contra de una manifestación pacífica convocada por Consejo Nacional de Huelga, órgano directriz del movimiento. Según lo dicho por sí mismo en 1969 y por Luis Echeverría Álvarez, el responsable de la matanza fue Gustavo Díaz Ordaz.

2.- http://www.librosylibretas.com/la-noche-de-tlatelolco/
El miércoles 2 de octubre del año 1968, quedó grabado indeleblemente en la memoria de la juventud de entonces en México...La Noche de Tlatelolco, es un libro escrito por la encumbrada y valiente Elena Poniatowska. Narra fielmente las versiones directas de quienes vivieron la masacre perpetrada, de cómo pareciera que la sociedad mexicana lograba hacer un cambio en el sistema político corrupto hasta la fecha de su país; pero no, la respuesta presidencial fueron balas y sangre.