domingo, 28 de agosto de 2011

Caguaki


Caguaki
Se recrea el tiempo que los indígenas Pericúes poblaron el sur de la Baja California, el territorio del fin de la Península, el lugar donde se unen el Océano Pacifico y el Mar de Cortez. Era el  espacio ideal  para que florecieran las supersticiones y creencias ancestrales de ese pueblo, se creía en la existencia de un mundo de espíritus y dioses; un espacio mágico donde todo era posible, eran esos espacios paralelos o inframundos que coincidían con lo cotidiano de sus días.
Físicamente, los acontecimientos se desarrollan en la Gran Montaña; en la sierra de la Laguna y en las misiones de el pueblo de San José del Cabo, Todos Santos y Santiago, son  lugares que existen; el primero, cuenta  con una gran variedad de fauna y flora, donde los antiguos californios vivieron en perfecto equilibrio con la naturaleza,  es un lugar hermoso donde en época de lluvias la flora explota en tonalidades encendidas y el agua corre alegremente por todos los rincones; el segundo, es el pueblo de San José del Cabo, que le dio vida a esta tierra y que a la fecha sigue siendo el lugar donde se encuentran los antiguos edificios de los que hablo y lugares que se convierten en un escenario ideal para esta novela. El tercer escenario, Todos Santos, es un lugar paradisiaco donde el trópico de cáncer lo atraviesa dejando a su paso un oasis de vida. Santiago es puerta de entrada de la sierra, un lugar rodeado de arroyos subterráneos donde en temporada de lluvias emergen a su superficie dando verdor y vida a esa zona rural
La montaña sagrada de los Pericúes, está ubicada en el cordón montañoso que divide en dos aguas el sur de la Península californiana, en su parte más alta esta coronada con un gran pico, lejos de todo, deshabitada, con grandes escalones o terrazas y en los meses de verano y otoño su vista era primorosa de cualquier ángulo, nubes posadas sobre el reflejaban la majestuosidad y quienes tenían la dicha de estar arriba a mas de dos mil metros del nivel del mar, su vista podía abarcar hacia los dos mares
Las tierras de las misiones era de características semidesérticas, tierras muy nobles, pero la de la montaña, por su altura, su ubicación y por las terrazas interiores, que aparentaba ser solo piedra eran de la mejor calidad; los mismos indios Pericúes  negaban a los misioneros y colonizadores que existiera un paraíso oculto en las alturas, siempre los trajeron por las partes bajas y por cerrados desfiladeros y protegían sus accesos y hacían correr rumores de que demonios malignos asesinaban a todo aquel que se aventurara a incursionar en sus parajes.
Allá arriba los indios pericúes escondidos del mundo blancos, hicieron creer  a todo mundo que  estaban casi extinguidos, así lo manifiestan  los mismos registros oficiales de la época. Hacía muchos años que habían dejado de ser un peligro, cuando llegaron los soldados españoles a sofocar su levantamiento armado, fueron combatidos y diezmados, además, Con las reformas administrativas de la corona española, los misioneros jesuitas ya no ejercieron funciones de control sobre los indios, esta responsabilidad paso a manos de Militares y con ese cambio se intensifico el maltrato y enfrentamientos, aparte de que naturales durante ese duro periodo, fueron masacrados por enfermedades de origen europeo. Estos al observar el desconcierto colonizador que en nada los beneficiaba y tratando de salvar sus vidas, regresaron a sus orígenes nómadas y se dispersaron por las montañas  que eran muy extensos y allí unos cuantos lograron salvarse del exterminio al que fueron sometidos directa o indirectamente.
El resentimiento contra los misioneros y soldados era muy alto, se acumulo durante el tiempo de su evangelización  y sometimiento, algunos miembros sobrevivientes de la tribu inocularon en todos los indios ese odio enfermizo y  atraves de sus ritos y creencias se invocaba al castigo por parte de sus dioses, había una ceremonia especial donde se pedían poder para combatir a los demonios blancos y el Guama o hechicero, la encabezaba para que no se volviera a repetir los hechos donde muchos de su pueblo creyeron en las palabras de los sacerdotes y los alejaron de sus raíces, costumbres y lugares sagrados. ¡Caguaki! era la palabra más mencionada por el Guama y los indios Pericúes y significaba para ellos la venida del vengador. Sería un rey que pondría fin a la supremacía del hombre blanco sobre los indios y los vencería y destruiría para siempre. El espíritu del Caguaki ya se había apoderado de ellos cuando la rebelión contra los misioneros de los cuales sacrificaron a dos sacerdotes representantes de las misiones de Santiago y San José y a todos los soldados y convertidos que resguardaban esos edificios.
¡Caguaki! era el grito que se escuchaba de los indios, cuando entraban en combate y emboscaban a los soldados españoles, quienes finalmente fueron sometidos de nuevo después de unos años de lucha y el control regreso a favor del hombre blanco, después de eso, de miles de indígenas Pericúes que se  movían por valles, montañas y costas solamente quedaba un centenar con vida. Al darse cuenta que alejarse del hombre blanco y esconderse era la solución para salvar sus vidas, se desaparecieron de sus rancherías y misiones, dirigiéndose unos cuantos a lo alto de su montaña sagrada.
Allá en las alturas unos pocos seguían danzando y pidiéndolo a sus dioses que les mandara de nuevo al Caguaki o que los poseyera su espíritu. Nunca se imaginaron que el Guama, conocía entre luminoso futuro y que muy pronto se les haría realidad su plegarias, los dioses le habían dado la gracia de crearlo dándole vida, solo aparecería en escena en momentos álgidos que pusieran en riesgo la vida de su pueblo, por eso el fomentaba el rito del Caguaki, evocándolo constantemente.
Esta leyenda o mito de la montaña, fue el mayor secreto guardado durante muchos años, y se descubrió gracias a que un grupo de exploradores y arqueólogos descubrieron la cueva en una montaña, de donde nació y surgió este terrible demonio indio que mantuvo asolado y lleno de miedo a los pueblos de las misiones de sur de la Baja California. Dentro de esa caverna se encontraron dibujos con la enorme figura del Caguaki, con una secuencia de cómo se iba trasformando de hombre a bestia, con clara demostración de sus destructivos poderes, se supo de que hombre de la tribu surgía, de qué manera se desplazaba por el suelo,  por el aire, y mar, de cómo mataba a sus víctimas y como marcaba los lugares un día antes de atacar a sus  moradores o propietarios.
Esta valiosa información cayó en  manos de mi bisa abuelo, quien fue propietario de esas tierras donde se descubrió esa caverna. Esta información paso de generación en generación y hoy que me dedico a darle vida a las letras surgió la idea de dejar plasmado para siempre esta secreta leyenda de los indios Pericúes, una raza incomprendida que fue arteramente desparecida, menospreciada y tratada por parte de los historiadores religiosos como unos verdaderos salvajes, sin cultura, organización y religión. Siendo todo lo contrario, lo que sucedió fue que fueron valorados en base a una cultura europea dominante y los indios que no se sometían por la fuerza espiritual de la cruz, lo hacían por la terrible fuerza de las armas.
Al ver el fin que tuvieron muchos nativos, fue una gran sorpresa el enterarme que por un tiempo ellos lograron vengar las afrentas sufridas a través de la aparición de su vengador, El Caguaki, una terrible y justiciera bestia que bajaba a los pueblos misionales y asesinaba a todos aquellos que habían tenido que ver con el maltrato y asesinato de indios Pericúes. Conozcamos pues los personajes, motivos y circunstancias que crearon ese cruel escenario que alimento a los dioses indios para que determinaran hacerse justicia por su propia mano atraves de un legendario monstruo sediento de lavar con la sangre de los blancos las afrentas y vejaciones sufridas durante casi medio siglo. Para quienes viven en la contracosta y otros litorales de nuestro extenso territorio mexicano, tal vez solo tengan conocimiento de las indígenas Aztecas, Olmecas o Mayas y las identifican por sus pirámides y construcciones, de esas culturas no se sabe como algunas desaparecieron y otras tuvieron un fin idéntico al de nuestros indígenas Pericúes, espero que esta leyenda sirva para levantar la voz  y para honrar su memoria. Fue un pueblo valiente que puso en jaque el avance del colonialismo español, muchos de ellos prefirieron perder la vida antes que estar someter su libertad y manera de pensar. 
Introduccion del libro  "Caguaki"... una leyenda Pericue, pag. 1 a la 5. Del escritor René Holmos.