lunes, 27 de junio de 2011

Texto de la novela " De un Lugar entre Mar y cielo

Cumpliendo su último deseo .
Estaba a minutos de cumplir con su último deseo. Llevaba sobre mis piernas la urna donde reposaban sus cenizas. Nunca imaginé que ese momento llegaría, pero allí estaba el tiempo implacable. Tenía que cerrar un círculo de mi vida lanzando al mar el cuerpo pulverizado de una mujer que fue mi felicidad por mu
chos años.
Amanecía al elevarme por el cielo de la bahía de San José del Cabo, a mi alrededor los colores se encendían conforme los rayos de luz tocaban todo con su magia. El sol parado en el horizonte hizo lo mismo, se encumbró por su diaria ruta para posesionarse dueño y señor del cielo que palideció ante su presencia. El rugido del motor y las hélices del avión ultraligero giraban velozmente. Las corrientes del aire nos sacudían e hicieron que instintivamente tratara de agarrarme del asiento, pero no pude ya que en mis manos llevaba una vida hecha polvo y no la soltaría. Eso hizo que olvidara mis propios temores y apretara la caja sobre mis rodillas. Bajo nuestros pies y por los cuatro puntos cardinales se desplegó una panorámica con un majestuoso espectáculo, el viento sobre mi cara me distrajo y por un momento me sofocó, aprendí a respirar bajo su presión y me maravillé de la hermosa vista; ahora volábamos por encima de un mar tranquilo.
Desde arriba todo cambia. Percibí el privilegio de los dioses y las aves al volar, se disfruta de ese poder, las cosas pierden tamaño y se uniforman, la belleza se multiplica y los detalles se minimizan. El movimiento es lento e imperceptible allá abajo. El horizonte se expande y somos veloces en nuestro desplazamiento aéreo. Siempre quise estar arriba de un aparato como en el que volaba, algún día deseé tomar un curso y volar en solitario; hoy lo hacía como pasajero en circunstancias poco normales: deshacía un pasado feliz y retomaba otro similar, sólo la intensidad era la diferencia. Dos sentimientos dentro de un corazón amoroso que amenazaba con salírseme del pecho.
 
El azul en todas sus modalidades es uno de mis colores favoritos. El mar y el cielo me lo brindaban a manos llenas. Al girar desde Playa Palmilla hacia el centro de la bahía, a una señal del piloto indicándome que estábamos a la mitad, abrí la caja, tomé un puño de cenizas entre mis manos y las arrojé al aire. Desaparecieron como el humo y un nudo en la garganta evitó que de mis labios brotaran palabras. Fue el silencio quien abrió la puerta al pensamiento y la despedí a gritos:
- Allí vas inolvidable mujer… A encontrarte con lo que tanto admiraste, el mar de la bahía de San José del Cabo. Fui soltándolas poco a poco abriendo y cerrando la tapa. ¡Gracias por todo el amor que derramaste en tu hija y en mí! Te quedas en nuestra mente y corazón. ¡Gracias por tu comprensión! ¡Qué el mar y la arena te acojan por siempre! Allí nos encontraremos y te sentiré cada vez que esas aguas abracen mi piel. ¡Adiós! ¡Descansa en paz…!
 Tomado de la novela "De un Lugar Entre Mar y Cielo", de Rene Holmos, pag. 4




 

Todos Santos is a charming town, a corner of paradise touched by the hand of God

"Legendary Hotel California"

Todos Santos is a charming town, a corner of paradise touched by the hand of God; a place where the impossible becomes alive, like the spirit of a beautiful lovely lady named Mercedes who leads us to the past, recent and present time narrating her amazing story.
There is a Hotel in town full of history and romanticism: “The Hotel California”; a place of legend, where the composer of the song with the same name was hosted, who inspired by the magic surroundings he found and the facts he lived there, created his masterpiece.
The Hotel California is the epicenter from where fantastic legends and tales emerge, its impressive history, its realism and above all, the incredible love that inspired a man to cross the threshold of the Hotel.
A wonderful world becomes to life in this novel, which has as scenery a town full of natural beauties. Inspiration runs through its streets and sensibility floats in the air making its people and its artists great.
I invite you to come into these pages where imagination will guide you through an unexpected road, distracting you from the usual path it will make you feel what happens inside this book is true, because Todos Santos is indeed a magic town that incites you to visit it, and will then catch you to never let you leave.
Discover in these words the scenery where the labyrinth of imagination is recreated and incredibly confuses senses, ripping the thin line that divides fantasy from reality.

Rene Holmos

Una mujer vestida de novia

 "Legendario Hotel California"

Una deslumbrante luminosidad cubrió el Hotel, como su hubieran encendido sobre sus perfiles múltiples líneas de luz neón; por encima, brillaban nubes blancas reflejando como espejos lo que ocurría abajo; parecían asomarse gustosas al espectáculo que se desarrollaba ; algunas estrellas fugaces las empujaban como testigos de un acontecimiento inédito, y repentinamente apareció entre ellas la figura radiante de una mujer vestida de novia que bajaba con los brazos abiertos, buscando a alguien con su mirada.

Tomado de la novela "Legendario Hotel California"  Autor: Rene Holmos, pag 219

El reloj de la Misión

 "Legendario Hotel California"

En ese preciso momento el reloj de la Misión daba la hora: justo la una de la mañana. Esa noche repitieron allí su ritual de bodas. Revivieron sus mejores momentos, y antes que los primeros rayos del sol aparecieran tras la Sierra de La Laguna, partieron en medio de la fanfarria con que habían entrado; besaron la puerta del Hotel y se elevaron sobre las nubes galantes que hacían valla, cediéndole el paso a la pareja con ondulantes reverencias.

La singular brillantez que envolvía al Hotel, desapareció junto con los enamorados. Todo regresó a la normalidad y jamás volvieron a ver al eterno enamorado que miraba pasar la vida frente al Hotel California.

Tomado de la novela "Legendario Hotel California" Autor: Rene Holmos, pag 220.

La presencia de fuerzas extrañas dentro del pueblo



" Legendario Hotel California"





 Mercedes sintió la presencia de fuerzas extrañas dentro del pueblo, merodeando muy cerca ; no parecía tratarse de alguien como ella, sino de una energía rabiosa que concentraba su atención sobre el Hotel. Presumiendo que era algo relacionado con los huéspedes recién llegados, se imaginó lo peor. Enseguida ella vio descolgarse una figura horrible; no le dio temor, sabía que era la causa de las cosas extrañas que estaban pasando en el pueblo y en particular sobre el Hotel: Era un hombre maduro de sombrero y traje vaquero; bueno, lo poco que quedaba de él, parecía escapado de alguna tumba; sus ropas estaban hechas jirones y su carne podrida iba desmoronándose en pedazos; proyectaba un brillo rojizo malévolo de lo que pudieron haber sido unos ojos oscuros como el abismo. También levitaba como ella, sus botas no tocaban el suelo, traía un tipo de gabardina grisácea encima del cuerpo lo que moldeaba una figura grotesca evitando mostrar sus despojos, o lo poco –a decir verdad- de humano que le quedaba. 



Tomado de la novela "Legendario Hotel California" de Rene Holmos, pag. 234.

domingo, 26 de junio de 2011

"Legendario Hotel California"


"Legendario Hotel California"

No se equivocaban: a esa hora el viento había cedido espacio a la neblina cubriendo el pueblo y los alrededores de la casona. Si alguien hubiera tomado una foto en ese instante pensaría que estaban en alguna región a orillas de Londres. Era la noche ideal para que los espíritus y los fantasmas del pasado los visitaran. En realidad, ya estaban con ellos; los observaban, la familia de Mercedes tenía mucho interés en escucharlos tocar. Por su apariencia creían estar viendo unos indios blancos de pelo largo calzando zapatos de gamuza, gabardinas largas y algunos vistosos sombreros; en definitiva no se parecían a ninguno de los jóvenes conocidos. Su manera de vestir, y en particular su forma de conducirse, les parecían estrafalarias; los comparaban con Hugh y todavía él conservador, sin dejar de portar el estandarte hippie.
No tardó el ambiente en cargarse de sonidos. La afinación de guitarras y parloteo de las baquetas y tumbales fue el preludio de la tocada que se dejaba venir. Poco a poco se fue sumando el ritmo hasta darle forma a una canción. La influencia de Santana, Rolling Stone, Creedence y Beatles dieron los primeros acordes. Al ver al grupo en acción, Hugh movía la cabeza satisfactoriamente complacido del buen desempeño que afloraba. Llegó a pensar que sólo fueran unos aprendices pero lo sorprendieron: la banda del General Frijol… era buena. 

Tomado de la novela "Legendario Hotel California". Autor: Rene Holmos, pag. 271.

Existe una leyenda desmentida y negada por muchos

Legendario Hotel California

Hotel California” de Todos Santos. Existe una historia desmentida y negada por muchos, pero con tanta difusión en los medios impresos y electrónicos, que terminó convirtiéndose en una asombrosa leyenda que han buscabo desarticular incluyendo al protagonista principal.

Lo que ustedes van a leer es la historia de esa leyenda; si lo creen, qué bueno; si no, tómenlo como parte de la fértil imaginación de este escritor que supo escuchar las voces e imágenes de un espíritu enamorado. Lo que ustedes leerán será algo que choca con la lógica, pero ustedes también saben que prevalecen hechos y acontecimientos que ni la misma ciencia puede explicar. Yo lo dejo hasta allí. Ustedes decidirán si lo aceptan o no, pero lo que sí puedo asegurarles es que experimentarán horas intensas de lectura divertida y emocionante.
Tomado del libro "Legendario Hotel California" Autor: Rene Holmos, pag. 9.

Para todas aquellas personas que disfrutan de un espíritu aventurero

De La Sierra


El ex-pirata ingles Bernard Serrra, montado en su caballo, se encaminó con sus mulas en fila india, por la ribera del estero y el arroyo, siguiendo el lecho humedo que leguas arriba nacía a los pies del Gran Picacho. Del poblado Punta del Cabo sobresalían las torres de la misión y el humo de chimenea de algún trapiche. Los ladridos de los perros acompañaban su decidido paso, que era silenciado, por las finas arenas húmedas del arroyo principal del Estero de la Aguada. Observaba con atención el verde esmeralda del lirio acuático, los palmares y los carrizales, admiraba cómo las garzas blancas levantaban su vuelo al sentir su presencia y la de sus equinos. Con el sol en alto, distinguió a lo lejos en ambos lados del lecho, ganado vacuno de los ranchos asentados en la ladera y en faldas de los cerros. Al adentrarse notó cómo aparecían los cactus, las pitahayas y los cardones; éstas plantas llamaron mucho su atención, imaginaba que eran gigantes verdes, con los brazos abiertos, implorando al rey sol clemencia y al dios de la lluvia agua para calmar su sed y en agradecimiento a la dádiva, ofrecían sus frutos de colores, blancos, amarillos y rojos; Bernard, no pudo resistir la tentación de probarlos, al inicio se le dificultó poder desprenderlos y abrirlos para comérselos, ya que se protegían con abundantes y puntiagudas espinas. Probó primero la sabrosa y dulce fruta de la lluvia que los indios llamaban pitahayas, explicaban que los espíritus de la tierra la ofrecían al dios del cielo, para que les bendijera con agua suficiente y que vivieran las plantas, los animales y los hombres.
Entre más se adentraba y tomaba altura, los arbustos espinosos y los diversos cactus, iban desapareciendo, entonces aparecían árboles frondosos que aumentaban de tamaño conforme avanzaba. La temperatura descendía entre más subía, a cada paso era más fresca; mientras, a los lejos, sobre su espalda el mar, el estero y el pueblo de Punta del Cabo. Fue al atardecer cuando llegó al final del arroyo seco de arenas blancas y finas, con regocijo admiró cómo brotaba el agua de la superficie, la vio correr una media legua desde la base del cañon de la montaña hasta la parte baja del arroyo.
Ya cansado, igual que los animales, Bernard, se preparó para pasar la noche. Descubrió durante su caminata que abundaban las venenosas víboras de cascabel y las tarántulas, por lo que debería tener mucho cuidado al acampar; esa primera noche prendió una fogata, amarró muy cerca de él a su caballo y a sus mulas, cenó ligeramente, sólo pan con carne seca y amarró su hamaca a unos árboles, se sentía más seguro arriba del suelo, así se alejaba de los bichos rastreros. Por primera vez, se sintió más solo que nunca, el hecho de alejarse de su compañero, el mar, le hizo mirarse desprotegido, tuvo temor, ese miedo natural que se cobija desde niños; temor a lo desconocido, temor a la realidad que encerraba esa tierra que estaba descubriendo, seguramente había secretos para alejar invasores, que como él, trataran de escalarla; presentía graves peligros. A lo lejos distinguió las luces intermitentes producidas por unos relámpagos, se iluminaban de impresionante manera el cielo, el mar y los cerros, anunciando con mucho ruido, la temporada de lluvias que estaba en todo su esplendor.
Se dio ánimo para hacer realidad su sueño, crearía un lugar único y lo haría con sus propias manos y con sus principios; un lugar donde se sintiera feliz y realizado, un lugar alejado de las miserias del mundo, de la violencia y de la hipocresía humana.
La realidad del momento y los ruidos de los animales nocturnos que salían a cazar para comer, lo pusieron nervioso, así que se incorporó y avivó la fogata para espantarlos y para quitarse el frío que era intenso en esas primeras horas de la madrugada, finalmente lo venció el cansancio, soñó con llegar a su destino; la Montaña del Gran Picacho.

TOMADO DEL LIBRO "De La Sierra" de René Holmos. pag. 40. (narrativa)

De La Sierra.


De La Sierra



Describir un día en la vida de los indios californios, fue todo un reto, imaginarlos en su hábitat natural, recorriendo las serranías, costas y valles, caminando en grupo por las húmedas cañadas, sombreadas laderas e inhóspitos desiertos y además, algo inusual y fuera de contexto fue incluir a un marino aventurero en un ambiente serrano, tuve que ponerme en sus zapatos y vivir junto con el personaje, metiéndome en él; me lo imaginé llegando y descubriendo nuevos amaneceres y crepúsculos, lo vi fijar sus ojos y grabar en su mente, el azul intenso de nuestros mares; lo vi sintiendo la calma y el silencio de los lugares deshabitados, sólo interrumpido por los ruidos y gritos de los animales; casi sentí, cómo contraía sus fosas nasales al percibir por primera vez el olor a tierra mojada de las primeras lluvias de la temporada y cómo abría sus brazos en una amplia extensión para sentirla; también lo percibí muy preocupado por la fuerza del viento y del agua, en las continuas tempestades que azotaron la montaña.
Sé que en algunos días grises de invierno, vivió una soledad profunda, momentos de depresión lo nublaron. Por experiencia propia aprendió a esperar el nuevo y soleado día que le traería ánimo y esperanzas para construir un hogar, lejos de todo lo que fue y representó.
Este personaje encarnado en un marino ex pirata, era una persona con cualidades físicas y espirituales excepcionales, con un don de líder y con una calidad humana indiscutible, era la antítesis de los hombres de su época que sólo buscaban riquezas materiales pasando por encima de todos sin respetar la condición humana, color y religión, él, era algo más.
Espero que con esta lectura, el alma se les llene de ese espíritu aventurero y de la bohemia que el Capitán Bernard Serra nos brinda en esta novela, en su paraíso de la sierra de Punta del Cabo.
Estimados lectores, al leer esta obra, vivirán muchos de mis momentos interiores, entenderán mis incontables horas solitarias, en las que me adentré en el fantástico mundo de la imaginación y de la realidad… Que la disfruten completita, esa es mi intención. Las letras de este libro, están dedicadas a todas aquellas personas que disfrutan de un espíritu aventurero y recrean los momentos intensos que otros vivieron, haciéndolos suyos

Tomado de la novela "De La Sierra" del escritor René Holmos, pag, 14