domingo, 11 de septiembre de 2011

¡Mamá… regresé!...


¡Mamá… regresé!...


Por: René Holmos

Este  día de las madres, no podre darle el abrazo  a mi madre, ya que no se encuentra  conmigo, acaba de fallecer. La vi   por  última vez, su rostro denotaba paz. Reflejaba  serenidad: se miraba hermosa, como siempre, quien  la maquillo hizo bien su trabajo, parecía que estaba dormida. El dolor que perforaba mi ánimo, no lo puedo describir, es algo inerrable, me sentía anímicamente mal, triste, confundido, desamparado, vivía un momento surrealista, ver los rostros de amigos y conocidos que te dan el pésame ese día, en que salimos del cementerio. Íbamos callados y destrozados emocionalmente

Después del  sepelio, me sentí en la sala, la recorrí con la mirada la decoración de la sala, de la cocina. . . vi  los portarretratos con la fotos de la familia.la de mi padre y madre juntos, la de mis hermanas las fotos de su bodas, sobre la pared descubrí colgado, en el mismo lugar de siempre, mi título profesional y sobre  los muebles tantos detalles y figuras detalles y figuras decorativas con el sello tan especial de mi madre todo bien acomodado en su lugar. Limpio muy limpio. Mis hermanas en la cocina prepararon alimentos para sus esposos e hijos, el aroma lleno el ambiente. No tenía hambre, solo un gran vacío interior, me lleve mis manos a mi rostro y agache la cabeza. Mi cuerpo se convulsiono por el llanto, llore abiertamente, mis lagrimas corrieron  libremente, abrí la puerta al dolor  quien aprovechando la oportunidad se desbordo. Hacía  mucho tiempo que no liberaba tensión y sufrimiento de esa manera, los alcances de  mi pena eran profundos. Sentí la mano de una de mis hermanas que palmeo en mi espalda, y luego se alejo. Por momentos escuche a otra hermana decirme ¡llora hermano
!. . .  te hará bien desahogarte.  Respetaron mi dolor y me dejaron solo, en ese momento llegaron mis hijos que lloraron  abrazados conmigo por su adorada abuela
 
Vino a mi mente la última vez que  vi a mi madre en casa hacia dos años, el mismo tiempo que  queme en la ciudad de México   Guardo en  la memoria gratos  y hermosos recuerdos de los momentos en  esta casa: de mi niñez, de mis años  juveniles y de mi etapa universitaria. Tengo muy presente nuestra  ultima dolorosa platica, que  fue también una despedida, prometí no regresar mas a mi tierra mientras tuviera vida , mi matrimonio no había funcionado, me dejo un sabor amargo solo mis hijos ,a los que adoro , hacían que pensara del matrimonia positivamente.  Como escritor, mis libros se vendían bien  y me daban para vivir con decoro, me llevaba excelentemente con mis hijos, quienes pasaban sus vacaciones conmigo, disfrutaban mi relajado estilo de vida; un ambiente bohemio y aventurero.

Al día siguiente, desperté viendo el techo  de mi cuarto, donde mis años crecieron, me sentí menos cansado, no escuchaba ningún ruido dentro de la casa,  me levante, me lave la cara y me  dirigí ala cocina a prepararme café, mientras colaba, salí al jardín, el lugar  se sentía muy fresco, me deslumbro el brillante color y luz que inundaba ese bello rincón de la casa, desbordaba con tantas  plantas con flores. Los pajaritos volaban  de un lugar a otro,  celebrando con sus entonados trinos el encontrarse en el paraíso. Entre de nuevo a la casa. Me serví una humeante y aromática taza de café, que dio calor  a mi cuerpo y despertó  mis sentidos, de pronto, unos golpecitos  sobre una ventana de la sala  llama mi atención. Me acerco y  veo a un pajarito rojo golpeando con su pico insistentemente el vidrio, me causo  gracia  al verlo y disfrute unos minutos de ese curioso momento. Me acerque para observarlo bien, pero  intempestivamente levanto el vuelo, me encamine  a mi cuarto y me metí a cambiarme. Cuando Salí del baño,  escuche de nuevo unos toqui dos en la ventana de mi recamara, era el mismo pajarito que revoloteaba como queriendo llamar mi atención, no le hice  mucho caso ya que  era tarde, mi hermana Daniela me esperaba  a desayunar.

 A las diez en punto ya estaba sentada en la barra de su cocina. Me preparo  algo y me expreso con cariño: ”para que no te olvides hermano de la comida de mama” Olía  riquísimo  todo mientras comíamos me hablo sobre ella y sobre algo que me inquieto.
- “Raúl  los últimos meses estuve muy cerca de mama, todos  los días la visitaba, ella siempre te extraño y deseaba que vinieras  a visitarla, ¿Por qué no lo hiciste? Siempre soñó verte entrar en navidad o en su cumpleaños, extrañaba tus mimos y cariños, ninguna de nosotras fue tan emotivo con ella como tú”.  Mientras mi hermana me contaba sobre mi madre, cruzan por mi mente los momentos en que  disfrutaba con ella de sus  ricos guisos,” ¿no vas a venir a desayunar?” me llamaba  a media mañana, en ocasiones me salía de juntas importantes para sentarme en su mesa, Mi hermana Daniela no noto mi usencia mental y la escuche decir:

-Ella te extrañaba mucho  nunca negó que  eras su consentido. No se aguanto y me pregunto. ¿Hermano porque te fuiste? Y ¿Por qué fue tan prolongada tu  ausencia?”  Su andanada de preguntas siguió, mientras devoraba su exquisito desayuno, no tenia duda había heredado el sazón de mama, no en vano a diario convivía con  ella
-Le encantaba saber que tu pagabas sus recibos de luz, agua y teléfono, de esa manera sentía que te preocupabas  por ella, siempre  mantuvo la  casa impecable, siempre bien pintada y limpia, no le gustaba que las cosa  se hicieran viejas, reparaba todo no paraba, era incasable. Vivía al día, con la pensión de mi padre y con el sueldo de sus jubilación, tu sabes que con la inflación ambos ingresos se hicieron agua”.  Ante su comentario, deje  de comer y le pregunte:
-¿Daniela  mi mama paso necesidades?
-¡No nunca! aun con sus limitaciones normales !vivía muy bien¡ No pensaba en ahorrar, si que fue muy esplendida con nosotras  siempre en su estufa tenia alimentos calientes para cualquiera de nosotros, un día a la semana comíamos con ella, acompañados de nuestras parejas e hijos,  ella compraba  todo , lo disfrutaba, su  alacena siempre estaba bien surtida y  su refrigerador  lleno de tantas cosas que nos  gustaban.  Cuando enfermo, nos quiso que se te avisara, cuando detectamos el cáncer de mama, era demasiado   tarde se nos fue rapidísimo, no te pudimos avisar a tiempo Afortunadamente  llegaste antes de su sepelio”   Daniela se quedo callada, mientras unas lagrimas resbalaban por su mejillas, me levanté y  la abrace, mientras balbuceaba y trataba de justificar inútilmente mi alejamiento.
- Daniela, aunque no estaba con ustedes, estaba al pendiente de mi madre, me sorprendió su fallecimiento y traigo un sentimiento me carcome y no me deja en paz. Y  lo que más me duele es que  por  una tontería me aleje de ella, sabes bien que la editorial me ofreció un contrato, lo aproveche y me deje llevar, me propusieron escribir tres libros en dos años, lo logre, pero reconozco, no tuve las atenciones que mi madre merecía. Las extrañe mucho en navidad, dolía el festejo del día de las madres lejos de ella. Recuerdas que cuando fracase en mi matrimonio, me perdí, la ruptura con mi esposa me afecto muchísimo, mi madre  me ayudo mucho con sus consejos, apoyo y paciencia, cometí errores garrafales, perdí mi empleo y con ello descubrí mi  vocación. Mi mama sabia que tenia la habilidad  para redactar, me impulso para que escribiera. Ella buscaba que me distrajera y mantuviera ocupada mi mente, lo logro y nació mi pasión por las letras y con ello  un escritor. Ella me interrumpe para darme unas hojas blancas cuidadosamente dobladas que tenía en sus manos ¡toma!” – me dice – y me entrega una carta de mi madre
-Mi mama escribió con su puño y letra esto para ti cuando estaba en el hospital, ya estaba muy enferma y me pidió que te las entregara personalmente, me hizo prometer que  no las leería, te juro que me quemaba las manos y estuve  tentada a  hacerlo, pero me aguante, no sé qué mensaje te dejo mama, pero me imagino que tiene que ver con tu ausencia. A ti y a mama siempre  los mire muy unidos  y podría decir que fue  tu cómplice en muchas de tus travesuras. Te protegía y oculto muchos de tus errores. Mi mama metía las manos al fuego por ti una  y otra vez, nunca perdió la fe. Reconozco que nos equivocamos, pensamos que tantas protecciones te afectaría, pero ella tenía razón, creía en tu. Hoy hermano, eres el orgullo de la familia, nuestro apellido  es reconocido y cuando me preguntan que si somos parientes, se me llena la boca al decir que ere mi hermano: el mayor y único.

Recuerdo que le di un beso a mi hermana Daniela   y Salí muy pensativo, me fui directo a la casa de mi madre, sentía y una opresión dentro de pecho, algunos vecino se acercaron a saludarme, sacándome de mis cavilaciones, fui atento y distraído al mismo tiempo, al entrar a la casa, sentí que mi mama andaba por allí… sentía su presencia, me la imaginaba en algún parte, hacendosa como siempre. Me senté en la banca del jardín, bajo la sombra del laurel que muchos años atrás lo plantamos: mis hermanas  lo tomaron entre todas y lo colocamos en el hueco que mi papá hizo, yo le eche la tierra y lo cubrí, mientras mis padres nos aplaudían, fue una fiesta de alegría.  Extendí las hojas y se desplegaron las letras cursivas perfectas de mi madre, eran inconfundibles, nunca pudimos superar su hermosa caligrafía. Comencé a leerla y conforme avanzaba, tenía que detenerme a tomar aire y limpiar las lágrimas que inundaba mis ojos.

Raúl hijo:
No tienes idea de lo que extraño…sufrí cuando te fuiste, ya me había acostumbrado a ti  y la tristeza me invadió…   cuando los hijos se van duelen. Debes de entender  hijo, que el amor de madre  no es  comparable  con ningún otro sentimiento, nunca se acaba, no entra en crisis, no muere, es todo lo contrario, crece. Tú más que nadie sabes que estuve contigo  en tus mejores y tus peores momentos. No fuiste  capaz de perdonar a esta vieja tonta que por no  desilusionarte y hacerte sufrir, nunca te dije que te habíamos adoptado, también debes de saber que para nosotros, tus padres no había diferencia, te queremos igual o quizá más. Tu entraste ah nuestra vidas llenándolas de luz, al principio pensamos que no tendríamos más hijos  y decidimos adoptar, tal vez la felicidad de verte crecer  y la dicha de sentirme  madre hizo que me embarazara  y fue así que nacieron tus cuatro hermanas, nadie  notaba la diferencia, tal parecía como si te hubieras mimetizado y fuiste adquiriendo nuestras rasgos físicos. Te pareces mucho a nosotros,  entiendo que te  dolió  enterarte de tu adopción. Pero hijo, te tratamos igual que a todos tu hermanos, tu madre biológica te abandono en un orfanatorio, tu padre y yo te adoptamos cuando solo tenias seis meses de edad, este hecho pensamos guardarlo para siempre, pero tu ex esposa se entero de alguna manera y en un momento de coraje, por las diferencias entre ustedes, te lo dijo. Después  hablo contigo muy arrepentida, me pidió perdón y me  prometió que a los demás miembros de la familia jamás se lo diría. Sé que todo  coincidió con tu partida a la ciudad de México, no me lo dices ni me lo demuestres, pero  te siento alejado de mi, de nosotros de tus hermanas, ellos piensan que porque la fama se te subió a la cabeza, yo sé que no hijo, se que la razón es porque te afecto la noticia  y ahogas ese desconcierto emocional, lejos de  nosotros, evadiéndome de la realidad  atreves de tus libros.

 Por favor  hijo,  te voy a pedir que nunca le confieses este secreto a tus hermanos, ellos te quieren y te admiran, deja que las cosas fluyan solas, no las alteres. Debes  saber que sigues dentro de mi corazón y dentro de mis pensamientos, le pido a dios que te ilumine y te haga entender que para mi eres hijo mío y que vivo de los recuerdos y momentos de tus primeros pasos, del momento aquel de tus primeras palabras; ¡Mamá!, ¡Mamá!... no olvido tampoco, como llorabas y te enfermabas o cuando te amanecías en fiestas. Hijo destrozaste mi corazón cuando te fuiste al día siguiente de haberte enterado de tu adopción. Por más que quise platicar de ese tema contigo me cambiabas la plática o la evitabas, no sabes el gusto que sentía cuando me llamabas por teléfono, los días de navidad, los de mi cumpleaños, y el día de las madres… cuando leas esto, se que ya no voy a estar con ustedes, estoy muy enferma, tengo cáncer, me lo acaban de confirmar, estoy invadida y no pienso darme tratamiento de quimioterapia o radiación, me dieron tres meses de vida cuando mucho. ..Para abril ya no estaré aquí, estaré con tu padre allá arriba. He sido feliz, tuve un buen esposo, tengo excelentes hijos y nietos, todos diferentes pero una familia unida. Estoy agradecida con la vida. Solo me preocupas tu hijo. Si no te vuelvo a ver le pediré a Dios que me permita regresar… a esta casa, como un pajarito, para verte de nuevo en casa, si te veo, comprenderé que de nuevo eres parte de esta familia, que estas de regreso, me veras por unos días y luego me iré para siempre.
Cuídate mucho, te dejo mi corazón con todo el inmenso amor que sin condiciones, lo tuviste a manos llenas. Sabes hijo, en estos momentos que estas en la banca del jardín…era tu lugar preferido  ¡siénteme hijo!, soy ese viento fresco que acaricia tu cara y te susurra al oído…¡Te quiero! Siente mi abrazo, mis besos, estoy detrás de ti viéndote, observándote, cuidándote…
Con amor por siempre, tu Mamá.

Para ese momento, mi corazón latía fuertemente y no dejaba de limpiar mis inundados ojos, no podía leer, mojaba las hojas y la secaba con mi camisa con cuidado para que no se corriera la tinta. Una corriente de energía invadió mi cuerpo, hizo estremecerme y exclamé quedamente: “Mamá… Perdóname”. Deje pasar unos momentos y cerré los ojos, dejándome acariciar por esa cálida sensación. Después de unos instantes, reflexioné, me paré y grité: ¡El gorrión de la ventana!, ¡era mi madre!... ¡claro que sí!... ¡era ella!...
Al día siguiente, vi una hermosa avecita gris con el pecho rojo y le grité: ¡Mamá!, ¡Estoy de vuelta!, ¡Regresé!...

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